Publicado en La Nueva España dia 15-2-2012- Opinión
Cascos retira el árbol
Los asturianos tienen ocasión de valorar en las urna,s el 25 de marzo, la labor del actual Gobierno regional
Este niño no hizo más que creer en sí mismo y asumió el liderazgo, porque tenía clara la meta a alcanzar: tenía que llegar al colegio, es decir, se hizo más grande que el problema y lo resolvió.
El señor Cascos, como presidente del Gobierno asturiano, ha visto un obstáculo en el camino de sus proyectos para Asturias. No le ha dado más tiempo que a darse cuenta de que era un árbol, y no ha dudado en bajarse de su autobús de presidente y moverlo. Ni siquiera ha medido sus repercusiones y fuerza. Tampoco ha pensado en la posible lesión que le puede producir en su columna vertebral al empujar y mojarse con la lluvia. Pero ha conseguido dejar el camino libre para que Asturias consiga caminar en la senda de la prosperidad y del buen hacer, eliminando todos los obstáculos que le impiden conseguirlo.
Ha podido nuestro presidente -y no lo ha hecho-, mantenerse en el poder toda la legislatura, malgastando su tiempo y recursos en situaciones de poco calado y en conflictos poco irrelevantes. Pero el señor Cascos es de mente grande y, por lo tanto, no se ha permitido malgastar energías y perder el sentido de las prioridades. Ha demostrado su madurez política dejando de lado situaciones que podía haberlas confrontado. En definitiva, ha creído más en sus posibilidades que en los nuevos desafíos a los que se enfrenta con las elecciones convocadas.
Le supongo conocedor al señor Cascos del libro de Sun Tzu «El arte de la guerra», al que deberían recurrir los políticos para uso de sus propias estrategias y saber que en la guerra como en política, no existen reglas fijas; éstas se establecen de acuerdo con las circunstancias.
A los asturianos les ha dejado el camino sin obstáculos para que puedan ir hacia el progreso y bienestar que deseen; pero, eso sí, les ha dejado puestas las señales de peligro en las curvas. Son ahora los ciudadanos quienes tienen que valorar lo que ha hecho, y además entenderlo; pero, eso sí, para ello tiene que contarlo mejor, para que se conozca que ha sido más grande que el obstáculo que le han puesto en el camino.
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